miércoles, 12 de diciembre de 2007

VIVIR

Cuantas veces andamos por la vida pensando que la estamos realmente viviendo a plenitud. Creemos que hemos hecho todo bien, que todo debe irnos de maravilla, y nos damos cuenta que nada es como queremos. Que a pesar de que hemos triunfado en cuanto a algunas metas, siempre nos andamos exigiendo aún más, queremos ser mejores e insuperables. La vida se nos vuelve una carrera hacia el éxito sin medir las consecuencias, sin siquiera muchas veces importarnos si dejamos heridos en el camino.

Al querer sobresalir muchas veces olvidamos a nuestras familias, a nuestros seres queridos, a quienes de alguna u otra forma nos necesitan. Luego pasan los años y cuando sentimos que ellos ya no son los mismos con nosotros nos preguntamos: ¿EL PORQUE? Es irónico si ignoramos tantos años, si nos despreocupamos, si nunca preguntamos que estaba sucediendo o si quizás actuamos de forma indiferente hacia el problema de algún ser querido que podemos esperar.

La preocupación constante por tener más sin darnos cuenta que cada día teníamos menos, que el dinero y la cuenta bancaria podían crecer pero los afectos se estaban perdiendo. Que los ceros crecían y crecían imparablemente pensando en un futuro mejor, pero donde estaban las palabras de amor, la caricia de un padre cuando esta se necesitaba, donde estaba el aliento, el abrazo, el decir acá estoy. En algún hogar pero no en este.

Lo más triste es que quienes amaban en el hogar se cansaron de amar y ver como la gente se compra y se vende. Como el dinero es capaz de cambiar a la gente, y la avaricia es tan grande que no importa quien pierde. Que el ser feliz con alguien bueno al lado que realmente lo quiere a uno por lo que es, y esta con uno en las buenas y en las malas no es suficiente para algunos otros que tienen tu misma sangre, pero que son tan diferentes o indiferentes.

Es increíble pensar los valores que uno puede adquirir cuando otros que tuvieron todas las mismas oportunidades que tu, no valoran más que el poder al dinero al tener y al que les den. Cuantas cosas están perdiendo en sus vidas por el simple hecho de haberse vuelto egoístas, por el simple hecho de no poder valorar la felicidad como tal en el rostro de un hijo, por querer imponer sus ideas y sus terquedades, cuanto se están pediendo en lugar de vivir la vida con una felicidad plena con gente que los AMA por lo que son y no por lo que tienen.

La vida es muy extraña y el dinero poderoso, pero para mi hay algo que es más importante que el dinero y es poder mirarme al espejo y sonreír y decir gracias DIOS por haberme permitido vivir cada día y de cada día aprender que hay algo bueno que hacer, que brindar que dar, y hay muchas cosas que uno tiene que aprender a perdonar, olvidar y entender para poder vivir y tratar de ser feliz.

Jennifer

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